Mariposas huracanadas.
12 años, tenía. “Joseíto, escuché en la radio sobre un campamento sobre autoestima y crecimiento personal, ¿Quieres ir?”. Mamá cree que estoy loco. Oh, bonita iglesia. Torre Capital. Piso 8. Hola, Milagros. Hola, Gabriel -el de la gorra blanca de Pasos-. Pantalones tipo “pana” beige, franela de mangas largas azul y naranja. Fotos, gente sonriendo. Pero no, no quiero ir. “Ve”, dijo Nathaly. Decisiones, poco más de dos lustros, poco más de una década. Andreína, la de los ojos saltones y piel brotada. Siulhy, la de los rizos dorados. Bárbara, la punketa de La Guaira. La Simón. Mate 4. Otra vez la litoralense. IPP. Estefanía, Lisandro, María José, Sandra, Isabel. Kikiriwiki. No Kikiriwiki. No hay marzo sin rock. Jouse, el que nunca tiene dinero. Teatro. La Vida Boheme. Estefanía y su amiga del piercing en la lengua, vestido marrón y converse rojos. Es profesora. Luz, luz, luz. Sake. Indie Karaoke. Par de cervezas. El resto. Por el medio de la calle. Diosángeles, la del moño negro extraño. Melecio, el necio famoso de Twitter. “Síguela, ella es un amor”. Hangouts. Maracaibo. Amor. Ashton Kutcher y su efecto. El efecto de ellas en mi estómago.






